Educación Cristiana Misionera

Educación Cristiana Misionera

El pensamiento postmodernista que inevitablemente dirige, en grande o pequeña medida, nuestra manera de pensar nos hace cuestionarnos con sospecha cada acción pasada de la iglesia, usualmente juzgándola como culpable y cómplice de los terroríficos actos de la humanidad en la historia. Al acercarnos a los libros de historia de la iglesia con un lente menos “enjuiciador” y más amplio, nos damos cuenta que la cruel historia de la humanidad ha sido iluminada por algunos actos de la iglesia. Sazonada con compasión e iluminada con disposición, la historia de la humanidad ha sido cómplice del plan del Señor para con la humanidad, aunque esta no siempre sea voluntad de Dios.

Cuando reflexionamos en la historia en estos misioneros y misioneras que en plena expansión de la industrialización y el modernismo pudieron dedicar sus talentos, recursos e intereses en su propio beneficio y enriquecimiento debemos reconocerles como sal de la tierra y luz en medio de las tinieblas. Fueron estos los que expandieron el mensaje del Evangelio a todo pueblo y nación, quienes aún hoy son admirados e imitados, aunque hoy día la historia mundial haya cambiado.

Los misioneros y misioneras del siglo XIX reaccionaron a su historia, a su tiempo, a las necesidades de su contexto y por lo tanto las soluciones y acciones de estos héroes de la fe no son necesariamente la respuesta que “el mundo” busca ante las necesidades y retos que nuestra historia nos plantea. Vivimos en una sociedad, en una isla en dónde la mayoría de las personas, si no la totalidad, han escuchado de una u otra forma el Evangelio de Cristo. No sólo eso, una cultura que se ha desarrollado en el catolisismo, ha encontrado progreso en el protestantismo y ha producido nuevas vertientes del cristianismo cada vez más creativas y contextuales. Al puertorriqueño promedio no le molesta afirmar que vive en “La Isla del Cordero”.

No obstante, los valores están en decadencia, la fe se ha vuelto una empresa lucrativa y un recurso para el entretenimiento; conciencias anquilosadas mueven la política bajo intereses superficiales que han estancado el gobierno y han perdido la credibilidad del pueblo. Los medios de comunicación son una empresa poderosa que no tiene temor ni temblor en fomentar una ola de suicidios como recurso para sacar provecho del terror televisivo y de la crisis mental de nuestro país.

En este contexto: ¿Qué nos llama a realizar nuestro espíritu misionero? Hay quien ha optado por buscar a los más necesitados del exterior y mirar con piedad a los pobres en África, hay quien opta por levantar campañas en contra de la “depravación sexual” o por sedarse mediante los cultos de adoración. A esto hay que preguntarse ¿Quién atiende la necesidad de las masas?

El cambio social radical que trajo la revolución industrial con sus auges de progreso, sus ideas evolucionistas también trajo un alto costo social. Dada esta situación, las iglesias fueron desarrollando la escuela dominical, con el propósito de alcanzar a las personas que desconocían los medios tradicionales de enseñanza cristiana y para remediar los males sociales, alcanzando a las masas pobres y analfabetas. La escuela dominical cobró importancia y se hacía relevante para las comunidades desventajadas de la sociedad. Tanto fue así que se convirtió en la prioridad sobre el culto en algunas iglesias. Más tarde las escuelas dominicales se volvieron práctica común de casi todas las iglesias protestantes en América y Europa. Por la misma necesidad, a mediados del siglo XIX se trajo de Europa la YMCA y YWCA con servicios y programas religiosos, de recreo y educativos pertinentes y oportunos. Además la fundación de un sin número de sociedades con el fin de llevar el evangelio y suplir las necesidades de la época.

Como cristianos del siglo XXI hemos heredado la historia y las instituciones que muchas veces se sustentan con el recuerdo del pasado. Los miembros de las iglesias que se interesaban por las misiones, hoy día no tienen tanto dinero para compartir con el prójimo o no tienen tanto interés. ¿Será que necesitamos replantearnos la historia para reconocer las necesidades vitales de las masas precariedad?

Hoy día la solución de las escuelas bíblicas no es práctica para los intereses del pueblo, aunque permanezca siendo una necesidad imperante. En la época en que las masas buscaban conocimiento, las escuelas bíblicas fueron luz y sal de la tierra. Hoy día, cuando el pensamiento general es que el razonamiento puede ser muy subjetivo, las masas buscan una experiencia, un encuentro emocional, espiritual y personal con el Creador.

Quizás las iglesias históricas permanecemos enamoradas de nuestras historias épicas, de nuestras instituciones y nos hemos desenfocando de la razón de ser de estas. Hay un pueblo clamando por la necesidad de sana doctrina, al punto que la iglesia se ha convertido en un lucrativo negocio que suple la demanda del “marketing”. ¡Hay necesidad! Nos sigue costando tanto dejar a un lado la pompa del pasado que no volverá, que nos hemos convertido en lujosos templos vacíos en dónde ser proclama la sana doctrina a los tallados bancos y a los nietos de los héroes y heroínas de la fe. Hace falta disposición para sazonar nuestra herencia con una praxis contextual del Evangelio, creatividad para traducir la Palabra al idioma de los nuevos tiempos y flexibilidad que nos ayude a enfocar nuestra empatía por quienes tienen una historia, unos intereses y unas necesidades distintas a las nuestras.

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