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Unas Navidades sin la Puerca

Unas Navidades sin la Puerca


 

— Entra Simplicia —

Doña Simplicia: ¡Concoldio! ¡Concoldio! ¡Concoldio!  ¿Dónde taj metio?

Don Concoldio: ¿Qué fue? Mija ¿Qué fue? ¿Qué se hizo la mujel esta? ¡Hay Bendito!

Doña Simplicia: ¡Concoldio!

Don Concoldio: ¡Aquí toy! ¿Qué fue?

— Doña Simplicia se asusta pues Concoldio le contesto a sus espaldas sin ella esperarlo. —

Doña Simplicia: ¡Haaaaay mijo! que te llevo buscando desde hace rato. Voy a lleval a la puelca a la iglesia.

Don Concoldio: …y ¿qué fue? ¿Pa’ que me querías? …Tu sabes que vine corriendo to’ la jalda y estoy que no me aguanto.

Doña Simplicia: Jarda ni jarda… eso es una lomita. Más exagera’o no puede sel. Mijo, que no sé donde metiste la puelca. Y la necesito pa’ hoy. Que la voy a lleval pa’ la iglesia.

— Don Concoldio mira extrañado.–

Doña Simplicia: ¿No me digas que no te recueldas? Tu mesmito le dijiste al Pastor Perry que ibas a lleval la puelca pa’ la fiesta de Navida’ de la iglesia. Pa’ compaltil con los hermanos que se habían quedao si na’ por el huracán San Felipe.

Don Concoldio: ¡El Pastor Gringo ese! Si es velda… ¿y quién me manda a estal haciéndote caso a ti?

Doña Simplicia: ¡Concoldio! Viljen santa, si tú no respetas. El Pastol Perry es un buen hombre, dedicao a Dios. Y tú no te ofreciste a ayudal al  pastol, sino a los helmanos de la iglesia. Tanta gente que después de ese huracán se quedó si na’. Así que… dime. ¿Qué hiciste  con la puelca? 

Don Concoldio: Si es cierto pero me revienta cuando el Pastol ese viene hablando del Santo ese que les lleva los regaloj. ¿Cómo pueden tener unas navidades sin Reyes Magoj?

Doña Simplicia: ¿Santa Cloj? Hay mijo eso no es na’. Si te vas a dejal lleval pol to’ lo que no te gusta no vas a jacel na’ bueno pol nadie.

Don Concoldio: Es veldaj…. Pero si es veldad no voy a quedar mal y los pobres hermanitos que se quedaron sin na!

Doña Simplicia: Pues dime ahora… ¿dónde metiste la puelca?

Don Concoldio: La puelca pues… ¡Hay bendito! ¿Dónde la dejé? Ven acá ya no me acueldo. ¿Tú no la has visto?

Doña Simplicia: ¿Como que si la he visto? Si te llamé es polque no se donde está. ¡Hay Viljen santa! Pues hay que buscal’la pa’ llevarla a la iglesia. El primero que la encuentre la trae pa’ acá.

Don Concoldio: Pues deja vel si esta por el batey. Vengo ya.

— Don Concoldio sale hacia el batey —

Doña Simplicia: Pero mira este hombre pa’ onde coje. Eso debe sel que el abrió la alcancía de la  puelca pa’ compral la soga con que amarró la casa pal huracán. Hace meses de eso y con la tristeza del huracán se olvidó donde la metió. Yo la voy a buscal en el cualto. Debe de estar metía en una lata por allí. Si no fue que la enterró en el batey.

— Doña Simplicia sale hacia los cuartos de la casa. —

— En unos momentos llega Don Concoldio con un saco —

Don Concoldio: Hay bendito si la puerca Jacinta ya estaba comiéndose las mata de habichuelas yo no se como a la vieja se le ocurrió amarrarla allí. En dito me dio pena con Jacinta la pobre puerquita que la tenemos desde chiquita. Yo no podría llevarla pa’ que la cocinen. Mejor me llevo esta otra que seguro esta mejor pa’ un arroz con gandules y pasteles. Los helmanitos se van a chupal los de’os… ¿Y la vieja esta donde se metió? ¡Simplicia! Ya hallé la puerca.

— Sale Don Concoldio y deja el saco con el puerco.–

–Entonces entra Doña Simplicia con una alcancía en forma de lechón–

Doña Simplicia: Concoldio… mira mijo, encontré la puelca. (Dejando la alcancía en la mesa)  Dios santo, si yo juraba que Concoldio estaba aquí. Tanta cosa el con la puelca, y esto no tiene casi na’.  Esto yo creo que no da ni pa media libra de clavos. Hay Vilgen santa (al ver el saco) si parece que no era Concoldio na’. (Al abrir el saco) Si han trata’o de robarse este marrano. Seguro que cuando me escucharon salieron corriendo. Déjame lleval este lechón pal corral. ¡Concoldio! Mira mijo… ¡Concoldio! Este incoldio no está cuando uno lo llama. ¡Concoldio!

— Doña Simplicia sale hacia el batey —

Don Concoldio: ¡Simplicia! ¡Ay bendito! ¿Qué se hizo la vieja esta? (Ve la alcancía) ¡Adio! ¡Que hace la puelca de los chavos aquí! Esta vieja siempre despistá. Mi madre, no se le olvida la cabeza pol que la tiene pega. Pero si no estoy seguro que la hubiera guisa’o en un asopa’o. Lo mejol es que la guarde yo.

    –Don Concoldio sale hacia los cuartos. Entra Doña Simplicia molesta con un palo.–

Doña Simplicia: Aquí hay un pillo. Y este Concoldio no aparece. (Al mirar a la mesa) Hay Vilgen santa. No está la puelca. ¿Qué vamos a jacel ahora? ¡Concoldio!

–Entra Don Concoldio–

Don Concoldio: ¿Qué pasó mija? Llevo rato buscándote polque…

Doña Simplicia: ¡Cállate mijo! Que se han roba’o a la puelca.

Don Concoldio: ¡Hayyyyyyyyyy bendito! Le vamos a tener que dar la otra puelca.

Doña Simplicia: ¿Qué otra puelca?

Don Concoldio: A Jacinta mija. A mi me da pena… pero la palabra es la palabra. Y ya yo hice el compromiso con el Perry ese, y no polque haya hecho el compromiso con el Pastol. Sino porque hice un compromiso con Dios y con la iglesia.

Doña Simplicia: Pero… Jacinta. ¿Unas navidades sin la puelca? Hay mijo, tú sabes que yo quiero a esa puelca.

Don Concoldio: Si yo se y yo no quería darle a Jacinta pero que es tu ves como están las cosas, que hasta los puercos se roban. Y no voy a dejal a los helmanitos sin puelca pa’ las navidades. Haci que hasta aquí llegó Jacinta.

Doña Simplicia: Concoldio, ¿será más impoltante comel lechón en las navidades pa’ los hermanos o que nosotros tengamos a Jacinta?

Don Concoldio: Bueno yo quiero mucho a Jacinta pero es mejor perderla así polque sabemos que con eso ayudamos a los hermanos, a pelderla de  una enfermedad o a que no las roben polque como están las cosas horita viene el pillo por la puerca Jacinta.

Doña Simplicia: Ay pues mira como que tienes razón. Pero espérate que coja al pillo ese, le voy a dar hasta que me canse polque si lo llego a cogel… Hay Viljen santa. Mira y que robarse la puerca. ¡Al que voy a espetar en la vara es a él!

Don Concoldio: Esta bien pero cógelo con calma Simplicia. Mira voy a ir a buscar a la puerca Jacinta y la llevamos juntos a la Iglesia.

Doña Simplicia: Pues vete corriendo que ya es talde.

      –Sale Don Concoldio y vuelve a entrar en un momento —

Don Concoldio: ¡Simplicia!  ¡Simplicia! No se robaron la puerca na’. ¡Lo encontré!

Doña Simplicia: (Antes de mirar a Concoldio) Hay viljen santa y como llegó ese puerco allá. (Cuando ve que Concoldio trae el saco) Pa’ que traes el puelco en ese saco.

Don Concoldio: ¡Pues mujel no lo iba a traer en las manos!

Doña Simplicia: ¿Cómo que no, si es pequeñito? … y con lo poco que tiene dentro menos pesa.

Don Concoldio: Pues toma, tú lo llevas en las manos hasta la iglesia.

        –Le da el saco a Simplicia-

Doña Simplicia: ¡Viljen Santa! ¿Qué es esto?

Don Concoldio: ¡Pues la puelca mujel!

Doña Simplicia: ¿Qué puelca ni puelca? …si esto hasta se está moviendo. ¿Tú no estabas buscando la alcancía de lechón donde metemos los chavos mijo? 

Don Concoldio: ¿Alcancía? ¿De qué alcancía tu estas hablando? Yo creo que esos te de jengibre te están haciendo daño.

Doña Simplicia: La alcancía de lechoncito que tiene los chavitos gualdaos.  ¡Eso fue lo que le ofreciste al pastol! … unos chavitos pa’ reconstruir las casa de los hermanos. ¿No me digas que se te olvidó? Aunque mejol le hubieras dicho que cuatro perras prietas le ibas a dal. Porque ese puelco no tenia na’. Yo no se ni como vamos a pasal nosotros este mes.

Don Concoldio: Pero de que tu estas hablando, ¿Cuando yo le ofrecí la alcancía de los chavos al Pastor Perry? Yo le que pensaba darle era un  lechoncito para que comieran en las navidades y pudieran comer bueno.

Doña Simplicia: (Abriendo el saco)  ¡Hay!  ¡Si este es el marrano que yo eché pal corral!

Don Concoldio: ¡Pues claro que esperabas encontral! ¡Yo no te entiendo mujel!

Doña Simplicia: ¡Hay mijo! ¿Tu crees que en unos tiempos tan difíciles como los que estamos viviendo, estamos pa’ estar celebrando con lechón? Eso no es impoltante. Lo que esa gente necesita es arreglar sus casitas. Si sobra, entonces celebramos. ¿Qué hubiera sio de María y José si en vez de que el Mesonero le ofreciera el establo pa’ descansal le hubiera dao dos pajteles y arroz blanco?

Don Concoldio: Pero según tu dices, no va a sobral na’. Nos va a faltal a nosotros.

Doña Simplicia: Pues yo creo que si, déjame dil a buscal la puelca. (Sale al cuarto)

Don Concoldio: Hay bendito. Si no son Navidades sin una puelca, son las Navidades sin la otra… Pero de todas folmas Navidades sin la  puelca.

Doña Simplicia: ¡Concoldio!  ¡Concoldio!  ¡Esto es un milagro! La puelca tiene cuatro perras… y como siete pesos que nos dan pal mes.

Don Concoldio: ¿Milagro? El milagro de gualdal Simplicia. Pol que en la iglesia me enseñaron que uno tiene que gualdal pa’ los días malos. Que no se puede estal gastando así porque así.

Doña Simplicia: ¡Ah! Mira que bien. Pues gracias a Dios vamos a tenel los chavitos pa la compra y pa’ pol lo menos los clavos pa’ ayudar a los hermanitos.

Don Concoldio: Pues, y todavía nos queda el puelquito que le ofrecí al Pastol, pa’ celebral. ¡Yo que pol poco mato a Jacinta! ¿Tú sabes lo que son unas Navidades sin la puelca?

Doña Simplicia: Pa’ que tu veas Concoldio, aunque pasáramos estas Navidades sin la puelca, sin el Señor no las íbamos a pasal.