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Aquí organizaremos algunas reflexiones y recursos que nos ayudarán tanto en la preparación de las clases cómo en el uso y manejo de estrategias de enseñanza, entre otros.

Dame oportunidad de servir

Dame oportunidad de servir


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Comencé a asistir a la iglesia y más pronto de lo que esperaba ya estaba dando clases de Escuela Bíblica Dominical. P robablemente no era la persona con mejor preparación académica para realizar aquella tarea, tampoco la de más experiencia y conocimiento bíblico; pero el Señor se complació en llamarme para hacer aquella labor y me permitió ver a mis estudiantes hacerse maestros y maestras de Escuela Bíblica.

Aún en aquel momento no me sentía maestra. No fue hasta que entré a la Universidad que me di cuenta de que eso era lo que quería hacer con mi vida. Fueron cinco años más tarde que entendí que el llamado no era momentáneo, sino un proceso de formación para mi carácter, una disciplina espiritual particular de Dios conmigo. Como aquel poema que dice que “dando se recibe”.

Recuerdo que cada momento que tomaba una clase de educación pensaba en cómo podía aplicar eso para la Escuela Bíblica o las actividades de los jóvenes en la iglesia. Fueron años de mucha creatividad y crecimiento en dónde también nació la idea de formar a Talita Cumi. Leía la Palabra con un hambre particular, escuchaba música cristiana en la búsqueda de hacer algo productivo con mis momentos de meditación. Incluso comencé a ministrar a la niñez como payasita junto con una compañera de la Universidad, Cellyann Ayende.

Poca antes había integrado las pantomimas a mi estilo de enseñanza y a mi disciplina espiritual. La verdad que no había tomado ningún taller al respecto, sólo había visto un par de pantomimas y me decidí a intentarlo. Con la interacción de los chicos y chicas del grupo de jóvenes, organizamos nuestras primeras coreografías que interpretaban las canciones del momento en la música cristiana. Los ensayos no fueron nada comparado con la experiencia espiritual que tuvimos el día del estreno. “¿Tú sentiste eso?” Era lo que todos y todas compartimos ante aquella sensación de sobrecogimiento que se esparció en medio del grupo. Mi hermana decía: “Tanta veces que escuché la canción e hicimos la coreografía, pero nunca sentí lo que el día de la presentación.”

La verdad que fue una experiencia con Dios más allá de lo que puedo explicar. Nadie habló en lenguas, ni danzó en el Espíritu, nadie profetizó o vio visiones; pero algo es seguro, el Señor danzó en nuestros corazones y nos lo hizo sentir a todos y todas. Fue una gran satisfacción que nos motivó a seguir adelante aún cuando éramos unos 12 jóvenes en una iglesia de gente mayor. Luego de eso integramos la danza en un grupo más pequeño, teniendo siempre el mismo hermoso resultado. Aunque la iglesia era de gente bastante conservadora y de mayor edad, tuvieron la apertura de recibir cada una de nuestras adoraciones a Dios con regocijo y mucho apoyo.

Lo interesante es que en cada una de esas actividades aprendíamos del Evangelio en la práctica, incluso como coordinadora y líder sentía que aprendía en conjunto con el grupo. Eran experiencias en las que yo no tenía mucho que dar de mí porque básicamente tenía la misma experiencia que mis hermanos y hermanas de la juventud. La verdad que era poco mayor que la mayoría. Así que las actividades eran cosa de exponernos juntos a la Palabra escrita y actuada de Dios. ¿A qué me refiero con Palabra actuada?, a las veces que decidimos ir a visitar enfermos, a repartir textos bíblicos de aliento por las calles, a ir a limpiar la casa de un ancianito con problemas mentales, a comer mantecado en la esquina o a adorar a Dios en traje de baño para entrar a una piscina.

Una de las más hermosas experiencias fue dibujar una playa dentro del salón de Escuela Bíblica. A decir verdad, todos pintamos, todos pusimos escarcha y pegamos caracoles y muy pocos teníamos habilidad con la pintura o el dibujo, pero el salón quedó hermoso. El producto de esa labor nos unió mucho como grupo y nos enseñó a trabajar en equipo, nos enseñó a dialogar, a discrepar con respeto y a transar. Me llama la atención que como grupo siempre andábamos en búsqueda de cosas creativas y productivas para la iglesia. Nunca hicimos nada solo por divertirnos o por matar el tiempo, si no por bendecir a quienes nos vieran a la vez que éramos bendecidos por medio de las experiencias.

Una vez decidimos hacer un Cu lto Evangelístico en un centro de rehabilitación. Es curioso, porque ahora que lo pienso, los muchachos del centro nos enseñaron más de lo que nosotros les enseñamos a ellos. Fuimos pensando que íbamos a dar y recibimos más de lo que nunca dimos. Fue una experiencia impactante esa de estar allí con personas que habían vivido unas necesidades que nosotros no estábamos preparados para entender. Creo que lo entendimos de inmediato. ¡Dios ya estaba allí obrando en ellos!

Como dije antes no había mérito alguno en mí como maestra para decir que realmente sabía lo que hacía y a dónde nos dirigía con estas experiencias. Más bien seguía lo que la Palabra me llamaba a hacer. El resto era cuestión de exponernos a las experiencias del momento con integridad y mucha responsabilidad y buen juicio. Planificaba lo que haríamos cuidadosamente, pero nunca pude calcular el valor de las experiencias que vivimos y lo mucho que crecíamos en la práctica del Evangelio. Formábamos nuestro carácter al imponernos nuevos retos, cada uno al nivel que se sentía preparado o preparada. Muchas veces le pedía a Dios en oración que enviara a alguien mejor preparado que yo para dirigirnos, pero nadie se ofreció.

Llegó el momento en que la danza se convirtió en parte de mi disciplina personal de adoración y poco después lo fue la pintura. Hoy descubro hasta la escultura como una hermosa forma de adorar a Dios y reflexionar en su Palabra y aún cuando he visto tanto, he leído tanto y escuchado tanto me doy cuenta que nada como el estilo de adoración que me llena y es el guante hecho a mi medida.

He seguido variando mis experiencias como maestra de Escuela Bíblica y luego que mi llamado pastoral se echó a andar y mis estudios en el Seminario Evangélico de Puerto Rico me dieron helvetica, sans-serif;”>mucho criterio al acercarme a las Escrituras este asunto de la enseñanza se volvió una aventura interesante. Por muchos meses estuve estudiando tanto, pero había dejado mi tarea de enseñar para cuando tuviera más tiempo. La verdad esqueno entendía que enseñar era parte de mi adoración, de mi razón de ser más que una tarea a realizar en la iglesia.

Pero Dios abrió las puertas para que por meses estuviera dando clases de Escuela Bíblica, esta vez a personas de la Tercera Edad. ¡Qué experiencia! Pude integrar en mis sencillas discusiones de grupo las más complejas interpretaciones teológicas. Aprendí tanto de educación, teología y consejería como en los cursos más intensos en estas áreas. A la vez creció mi seguridad, mi llamado y vocación educativa. No realicé grandes actividades, sino que convertí la clase en un diálogo como el que se puede tener con el vecino y en un compartir de experiencias, como las quiere tener cualquier adulto como mucho que contar.

Vi muchas heridas sanadas, muchos miedos apaciguados y tantas preguntas con miedo de ser realizadas. Era cuestión de darles el espacio para hablar, contar y preguntar. Reflexionaban en lo que esa escritura decía a sus vidas y la interpretaban confiando en la grandeza, amor y misericordia de Dios.

Fueron los momentos de oración más interesantes que viví hasta aquel entonces, porque aquello que era una clase bíblica también se volvía un culto de oración de tres minutos. Quienes asisten al culto de oración no siempre asisten a la Escuela Bíblica o viceversa, por lo que se pueden perder de estas experiencias profundas con Dios en comunión, en comunidad. Lo que me hace pensar en lo poco que integramos las disciplinas espirituales profundas y significativas en la clase bíblica, como si tan solo el conocimiento de las Escrituras fuera suficiente, como si el alma del ser humano pudiera esperar hasta algún retiro en donde este tipo de cosas se suelen hacer.

Hay que reconocer el reto que representan las nuevas generaciones, en particular los olvidados pre-adolecentes y adolecentes que hoy más que nunca son expuestos a tanta información y están tan adaptados a ignorar la informaci ón. Veo la necesidad inminente de ser maestros y maestra como Jesús, de esos que exponen a la experiencia y no a la información. Ahora es cuando competimos con los juegos de video, las películas de acción y drama, la música y internet de forma más potente, ahora cuando es más accesible. Ya no es un asunto de competir si no de aliarnos con los medios de comunicación y de buscar la forma de que sean adaptados en nuestra forma de enseñar. Si son parte de la vida de nuestra iglesia, debe ser parte de nuestra forma de enseñar, tal y cómo hacía Jesús con las ovejas, la cosecha, las viudas y todas esas imágenes del diario vivir que utilizaba para enseñar y transformar.

Muchas veces tenemos miedo de discutir temas crudos de la realidad, como la guerra, la violencia doméstica, el maltrato, la corrupción y otras tragedias de la sociedad, cuando los medios de comunicación se lucran discutiendo esta realidad de forma muchas veces dañina. No está mal de vez en cuando hacer recortes de periódico y traer la realidad a la Escuela Bíblica para que sea críticamente examinada y evaluada dentro de un proceso de enseñanza y aprendizaje de valores necesarios para vivir en esta sociedad. Necesitamos ser más sensibles y dejar de evadir el mundo en el que vivimos para enfrentarlo por medio del amor y la misericordia que nos enseñan las Escrituras.

Tenemos que aprender a despertar el corazón de quienes nos escuchan con ruidos, danzas, colores, con la realidad y con el sueño, con el silencio profundo del reflexionar en Dios y su grandeza. ¡Hay espacio para todos! Es cuestión que sepamos que somos parte de la tripulación y es Jesús quien nos guía por el mar de la vida, dirigidos por la constante briza de su Palabra.

Salvando el Planeta en la Escuela Bíblica

Salvando el Planeta en la Escuela Bíblica


Como seres humanos somos parte de la Creación ordenada de Dios, creados y creadas a imagen y semejanza y en relación con el resto de la Naturaleza. Tenemos la responsabilidad de cuidar el mundo creado. Esto significa que se nos ha dicho que podemos “señorear en los peces del mar, en las aves de los cielos y en todas las bestias que se mueven sobre la tierra.”– Gen 1:28. El dominar (señoread) conlleva tanto el privilegio como la responsabilidad.

Es de nuestro interés el proveer de recursos que ayuden a explorar los derechos y las responsabilidades asociadas con el dominio de la Creación y ver cómo nuestras decisiones afecta todo lo que Dios nos ha dado.


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A niños y adultos les gusta reír

A niños y adultos les gusta reír

A niños y adultos les gusta reír. La risa trae muchas bendiciones a la vida. ¿Lo duda?

#1 Estimula la circulación
#2 Estabiliza la presión arterial
#3 Provee oxigeno a la sangre
#4 Facilita la digestión
#5 Mejora la salud y combate enfermedades
#6 Ayuda al cuerpo a lidiar con el dolor crónico.

Si esto no parece suficiente podemos decir que la risa es también un ungüento espiritual. Reír nos ayuda a amar la vida y es un medio para demostrar y reflejar que disfrutamos de esta. Reír nos ayuda a reducir el estrés, la anciedad, las tensiones y la depresión, situaciones que a veces no podemos manejar. Además la risa bien intencionada suaviza las relaciones sociales del trabajo, el hogar y en lugares públicos.

Con tantas ventajas que nos trae la risa: ¿Porqué no enseñar a través de esta? Reír promueve un ambiente de comodidad, de delite y confianza. La mente se abre y sencibiliza ante aquello que captura su atención emocional. Es entonces el momento perfecto para aprender algo que transforme el carácter y la perspectiva de vida.

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