Category Archives: Lo que nos enseña la historia

La primera Miss Universo Judía

La primera Miss Universo Judía

Esto da inicio al concurso, y tan pronto como Asuero comenzó sentir las noches frías del palacio, inició la búsqueda por aquellas chicas hermosas, entre las que escogen a Hadesa. ¿Y quién es Hadesa? Pues la misma Ester, con su nombre hebreo. Ya conocemos la historia de esta joven, que de doce meses de preparación y entrenamiento para este concurso, entre perfumes y aceites es, la no se si feliz, pero ganadora del concurso, corona de Persia 480 A. C.

Y recalco, no necesariamente, feliz y cómoda estaba nuestra heroína dentro de aquel palacio. Se trataba de todo un riesgo, que como judía se colocara en una posición tan visible, a riesgo de muerte. Sabiéndose judía en tiempos de persecución y sabiendo que el rey era fácilmente manipulable por sus amigos, incluso en contra de su esposa. Por otro lado, la forma en que fue reclutada como parte de las chicas del palacio, no era por cuestión de voluntad propia, si no era una obligación a punta de lanza. Violentamente Ester fue arrebatada de su hogar, para ser llevada a un palacio, que para su pueblo era símbolo de muerte y opresión.

Pero en ocasiones las posiciones de mayor riesgo y mayor compromiso nos colocan en los lugares de mayor oportunidad en beneficio de la misión y el plan de Dios. En el caso de Ester su riesgo era su misma ventaja, la corona que pesaba sobre su cabeza. En otros casos es tener amistades dentro de policía, ser líderes de barrio, contactos entre políticos. Todo un riesgo, porque en esta sociedad para mantener buena imagen es mejor que no te relacionen ni con el barrio, ni con la política. Más sin embargo ¿cómo es que podemos conseguir cambios reales para nuestras comunidades? ¿Quiénes son aquellos y aquellas que más necesidad tienen del Evangelio?

Ester no se hizo esperar, antes de ser coronada reina confraternizó con alguien que conociera las reglas, alguien que supiera como manejar aquel reto en sus manos, conquistar el corazón de rey. Un eunuco, Hegai, el que era su vigía y por muchas razones conocía tanto los gustos del rey, como los caprichos de sus amigos y las costumbres en el palacio. Hegai, se había impresionado, así como todo el mundo, con la forma de ser de Ester. Algo había en la personalidad de esta joven, que la hacía caer en gracia con todos los que la conocían. Podríamos inclusive pensar que al leer este libro, quedamos encantados con la personalidad de esta valiente. Al punto, que aunque en el libro no se menciona el nombre de Dios, podemos reconocer en el testimonio de esta reina la mano de Dios dirigiéndola.

Ester se abre paso a la oportunidad, para convertirse en un plan estratégico. Ya Ester no está simplemente esperando a que se abra una puerta, está colocándose en la mejor posición para que la puerta se abra. Efectivamente la puerta abrió y con ella muchas responsabilidades y nuevas oportunidades que hemos leído, estudiado y hasta visto en películas. Sin embargo hay un detalle de esta corta lectura que hemos pasado por alto. Al terminar la elección de Ester cono reina: “Ofreció luego el rey un gran banquete, en honor de Ester, a todos sus príncipes y siervos. Rebajó los tributos a las provincias, y repartió mercedes conforme a la generosidad real.” (Ester 2: 18) Lo que en el principio de la historia fue un banquete de príncipes, cortesanos y poderosos, y siete días más tarde, después que los ricos se habían cansado de comer, el rey ofreció banquete a la gente del pueblo. Sin embargo el banquete a Ester fue dedicado en un principio a príncipes y siervos, gente de la “clase alta” y gente humilde. Asuero se movió ha hacer más que fiestas, a rebajar tributos, a ser generoso con la gente de pueblo, repartiendo “mercedes” y no precisamente eran carros si no caridades. La sola presencia de Ester había influenciado al rey a ser más caritativo y menos egoísta, en una actitud muy distinta a la que tuvo con la reina Vaste, a quien llamó al banquete real solo para exhibirla y ser la envidiado entre los poderosos por su belleza.

Hay muchas enseñanzas hermosas que podemos obtener de estos versos. Pero concentremos nuestra atención en tres.

I. El momentos de oportunidad

Cuan importante es saber identificar un momento de oportunidad en nuestras vidas. Un momento que puede ser decisivo para que nosotros y nosotras cumplamos con la misión que Dios ha puesto en nuestras manos. No estamos muy claros si en este momento ya Ester está conciente de que tiene una misión que cumplir, pero aún así Dios está dirigiendo sus pasos. No sabemos si Ester está reconociendo este momento de oportunidad, o si está orando: Señor sácame de este lío.

En ocasiones en nuestra vida estamos ante situaciones así, momentos de dificultad y temor. Responsabilidades que creemos que no sabremos manejar, una vuelta que dio la vida que no teníamos planificada. Pero sabes qué, como hijos e hijas de Dios, estamos llamados a ser luz en medio de todas tiniebla, y ese lugar en donde estás es la mejor posición en la que Dios te tiene hoy para dar luz. No quiere decir que será el lugar en donde permanecerás, si no que es el mejor lugar para poder alcanzar lo que hay para ti mañana.

Mira a tu alrededor, mira tu trabajo, tu escuela, tu comunidad. Estás allí y a lo mejor quisieras estar en otro lugar, más cómoda, mejor pagado, con más tranquilidad. Sin embargo ese es el lugar dónde estás hoy. ¿Habrá alguna necesidad que tú puedas ayudar a saciar? ¿Habrá alguien que necesite una mano amiga? ¿En qué forma tú puedes ser luz en ese lugar?

II. El mejor lugar para que las puertas se abran

¿Será que debes utilizar tus talentos y dones en algo? O ¿Será que por otro lado es una oportunidad de aprender algo nuevo? Si bien reconocemos o no los momentos de oportunidad en medio de los retos, es importante identificar donde podemos ubicarnos mejor, para que las puertas se nos abran. Lugares donde podemos iluminar más. Una lumbrera no se coloca debajo de una mesa. Estos muchas veces pasan por momentos de aprendizaje. La vida en medio de sus circunstancias difíciles, nos educa y nos ayuda a crecer como seres humanos, para que podamos ser de mayor bendición.

La meta de Ester era más clara ahora, tenía que ganarse el corazón de rey, pero sola no podría hacerlo. En el caso particular de Ester, el aprendizaje vino en manos de un eunuco. Un hombre de dentro del palacio, cuya vida estaba consagrada a la servidumbre, que por lo mismo conocía muy bien aquel lugar. Nuestras metas, muy rara la vez las podremos alcanzar por nosotros solos, sin ayuda de personas, que estuvieron antes que nosotros y nosotras. Tenemos que reconocer que muchas veces necesitamos una mano amiga que nos instruya y nos aliente.

Como comunidad de fe, como familia de Dios ese es nuestro propósito, servir de aliento, apoyarnos los unos a las otras, ser de bendición. Cuantas veces no hemos sido verdaderamente hermanos y hermanas, incluso abuelos, tíos, madres y padres de alguien en nuestra comunidad de fe. Dios nos llama a ser lo mismo en nuestro barrio, a ser una extensión de la Iglesia allí donde vivimos, donde trabajamos.

Somos los eunucos de nuestro barrio, sin tener que pasar por operaciones extrañas. La Iglesia necesita saber como puede alcanzar el corazón de tu gente para poder saciar sus necesidades y llevarles la Palabra viva del Evangelio. Pero eres tú la voz de tu barrio en esta iglesia, la voz de tu barrio en este lugar, para así juntos podamos cumplir con esa misión encomendada por Dios y efectivamente ser luz.

Así podemos cumplir la misión de la Iglesia, siendo representantes del Reino, donde quiera que vayamos, y siendo representantes del barrio, donde quiera esté la Iglesia. Por eso Cristo se hizo hombre, para acercarse a nosotros y nosotras, abrazarnos, comer en nuestra mesa, festejar en nuestras bodas, pescar su alimento, y encarnar su mensaje entre el pueblo. Al encarnar el mensaje de Cristo, se encarna su luz y su presencia en medio nuestro se hace visible.

III. Se una persona de influencia

Algo especial había en Ester. La luz en el rostro de Ester llegaba ha tocar el corazón de todo el que la veía. No hay que decir grandes palabras para demostrarle al mundo nuestra calidad humana y nuestro testimonio de fe. Porque la luz de Cristo iluminará nuestros rostros, como la gloria de Dios iluminaba el rostro de Moisés. Lo importante es ser auténticos y genuinos en nuestro proceder. Cuando tratamos de ser quienes no somos, cuando tratamos de vivir vidas fingidas, con santidades fingidas, aunque usen corbata y falda hasta las rodillas de sus bocas no sale Palabra de Dios, si no palabra de condenación y juicio, palabra de muerte que usa de excusa la Biblia.

La luz que emanaba de Ester provocó significó ser una persona con influencia. Conocemos muy bien su historia, pero en este momento en el que el rey Asuero la hace reina y le ofrece un banquete lleno de unidad, justicia, bondades. Contrario al primer banquete, opresivo en contra del pueblo y promovedor de la marginación, este banquete une al pobre y al rico en la mesa. Alivia la carga económica del pobre y se hace pendiente de sus necesidades. Nuestros barrios tienen necesidades de esa luz, luz que alimenta al hambriento y hace justicia al necesitado, libera al oprimido y al cautivo.

Es obvio que algún cambio ejerció la presencia de Ester en la vida de este hombre. Las escrituras no lo especifican, más sin embargo en adelante sabemos que la reina se convierte en la mejor influencia del rey a favor del necesitado y del perseguido.

Si Dios nos llama a ser luz, nos llama a ser buenas influencias en donde estamos parados y paradas. No llama a iluminar con nuestro testimonio y palabras la vida de otros y otras, en la medida que emulamos el testimonio de Cristo en la tierra. A veces sin saberlo, estamos siendo el ejemplo en la vida de alguien, aquellos y aquellas que nos admiran por nuestra fe, nuestra forma distinta de actuar. Nos están observando porque ven en nosotros lo más cercano, visible y parecido a Jesús.

No hay que decir grandes palabras para demostrarle al mundo nuestra calidad humana y nuestro testimonio de fe. Porque la luz de Cristo iluminará nuestros rostros, como la gloria de Dios iluminaba el rostro de Moisés. Lo importante es ser auténticos y genuinos en nuestro proceder. Cuando tratamos de ser quienes no somos, cuando tratamos de vivir vidas fingidas, con santidades fingidas, aunque usen corbata y falda hasta las rodillas de sus bocas no sale Palabra de Dios, si no palabra de condenación y juicio, palabra de muerte que usa de excusa la Biblia.

Esa es nuestra responsabilidad en nuestro barrio, saber que ya no somos nosotros mas es Cristo en nosotros. Que nuestro actuar y proceder debe estar a la altura de Jesús. Y eso no significa dejar de ser tú mismo, porque Dios llama a tu vida y te usa, precisamente por que necesita a alguien como tú. Lo que quiere decir es que tú tienes que actuar con forme a los valores proclamados por Jesucristo, valores de amor, justicia, paz, libertad, gozo, esperanza y fe. Valores que son la luz de este mundo y que iluminan en la medida en que tú y yo vivamos en rectitud. Son valores que no se negocian ante la injusticia de este mundo, ante los valores egoístas y vanidades que proclama la sociedad voz en cuello.

Así que vivamos viendo nuestra vida como una oportunidad que Dios pone en nuestras manos para hacer su obra. Vivamos aprendiendo y enseñando a otros, siendo la voz de nuestro barrio en la iglesia. Sirvamos con nuestra vida diaria siendo ejemplo e instrumento de influencia para nuestra comunidad. Nos ayude Dios a vivir conforme a su Palabra y a la altura de Jesucristo.

Educación Cristiana Misionera

Educación Cristiana Misionera

El pensamiento postmodernista que inevitablemente dirige, en grande o pequeña medida, nuestra manera de pensar nos hace cuestionarnos con sospecha cada acción pasada de la iglesia, usualmente juzgándola como culpable y cómplice de los terroríficos actos de la humanidad en la historia. Al acercarnos a los libros de historia de la iglesia con un lente menos “enjuiciador” y más amplio, nos damos cuenta que la cruel historia de la humanidad ha sido iluminada por algunos actos de la iglesia. Sazonada con compasión e iluminada con disposición, la historia de la humanidad ha sido cómplice del plan del Señor para con la humanidad, aunque esta no siempre sea voluntad de Dios.

Cuando reflexionamos en la historia en estos misioneros y misioneras que en plena expansión de la industrialización y el modernismo pudieron dedicar sus talentos, recursos e intereses en su propio beneficio y enriquecimiento debemos reconocerles como sal de la tierra y luz en medio de las tinieblas. Fueron estos los que expandieron el mensaje del Evangelio a todo pueblo y nación, quienes aún hoy son admirados e imitados, aunque hoy día la historia mundial haya cambiado.

Los misioneros y misioneras del siglo XIX reaccionaron a su historia, a su tiempo, a las necesidades de su contexto y por lo tanto las soluciones y acciones de estos héroes de la fe no son necesariamente la respuesta que “el mundo” busca ante las necesidades y retos que nuestra historia nos plantea. Vivimos en una sociedad, en una isla en dónde la mayoría de las personas, si no la totalidad, han escuchado de una u otra forma el Evangelio de Cristo. No sólo eso, una cultura que se ha desarrollado en el catolisismo, ha encontrado progreso en el protestantismo y ha producido nuevas vertientes del cristianismo cada vez más creativas y contextuales. Al puertorriqueño promedio no le molesta afirmar que vive en “La Isla del Cordero”.

No obstante, los valores están en decadencia, la fe se ha vuelto una empresa lucrativa y un recurso para el entretenimiento; conciencias anquilosadas mueven la política bajo intereses superficiales que han estancado el gobierno y han perdido la credibilidad del pueblo. Los medios de comunicación son una empresa poderosa que no tiene temor ni temblor en fomentar una ola de suicidios como recurso para sacar provecho del terror televisivo y de la crisis mental de nuestro país.

En este contexto: ¿Qué nos llama a realizar nuestro espíritu misionero? Hay quien ha optado por buscar a los más necesitados del exterior y mirar con piedad a los pobres en África, hay quien opta por levantar campañas en contra de la “depravación sexual” o por sedarse mediante los cultos de adoración. A esto hay que preguntarse ¿Quién atiende la necesidad de las masas?

El cambio social radical que trajo la revolución industrial con sus auges de progreso, sus ideas evolucionistas también trajo un alto costo social. Dada esta situación, las iglesias fueron desarrollando la escuela dominical, con el propósito de alcanzar a las personas que desconocían los medios tradicionales de enseñanza cristiana y para remediar los males sociales, alcanzando a las masas pobres y analfabetas. La escuela dominical cobró importancia y se hacía relevante para las comunidades desventajadas de la sociedad. Tanto fue así que se convirtió en la prioridad sobre el culto en algunas iglesias. Más tarde las escuelas dominicales se volvieron práctica común de casi todas las iglesias protestantes en América y Europa. Por la misma necesidad, a mediados del siglo XIX se trajo de Europa la YMCA y YWCA con servicios y programas religiosos, de recreo y educativos pertinentes y oportunos. Además la fundación de un sin número de sociedades con el fin de llevar el evangelio y suplir las necesidades de la época.

Como cristianos del siglo XXI hemos heredado la historia y las instituciones que muchas veces se sustentan con el recuerdo del pasado. Los miembros de las iglesias que se interesaban por las misiones, hoy día no tienen tanto dinero para compartir con el prójimo o no tienen tanto interés. ¿Será que necesitamos replantearnos la historia para reconocer las necesidades vitales de las masas precariedad?

Hoy día la solución de las escuelas bíblicas no es práctica para los intereses del pueblo, aunque permanezca siendo una necesidad imperante. En la época en que las masas buscaban conocimiento, las escuelas bíblicas fueron luz y sal de la tierra. Hoy día, cuando el pensamiento general es que el razonamiento puede ser muy subjetivo, las masas buscan una experiencia, un encuentro emocional, espiritual y personal con el Creador.

Quizás las iglesias históricas permanecemos enamoradas de nuestras historias épicas, de nuestras instituciones y nos hemos desenfocando de la razón de ser de estas. Hay un pueblo clamando por la necesidad de sana doctrina, al punto que la iglesia se ha convertido en un lucrativo negocio que suple la demanda del “marketing”. ¡Hay necesidad! Nos sigue costando tanto dejar a un lado la pompa del pasado que no volverá, que nos hemos convertido en lujosos templos vacíos en dónde ser proclama la sana doctrina a los tallados bancos y a los nietos de los héroes y heroínas de la fe. Hace falta disposición para sazonar nuestra herencia con una praxis contextual del Evangelio, creatividad para traducir la Palabra al idioma de los nuevos tiempos y flexibilidad que nos ayude a enfocar nuestra empatía por quienes tienen una historia, unos intereses y unas necesidades distintas a las nuestras.

Recordemos a Haití

Recordemos a Haití

Haití nos recuerda el día que el mundo no estaba listo para vivir, el día que los negros le perdieran miedo al látigo y se convirtieron en estrategas militares, políticos de una de las colonias más productivas de su momento. Ni siquiera los abolicionistas blancos, dentro de sus prejuicios contextuales, podían concebir la idea de que un grupo de esclavos pudiera conseguir, no solo la abolición, si no la independencia total y definitiva de un golpe y sin ayuda. No cabe duda que el azote brutal de la esclavitud y el coloniaje latigó tan fuerte a los esclavos haitianos que los adelantó en la historia con un ideal revolucionario que no se limitaba a las costas de la isla.

Lamentablemente el resto del mundo continuaba sumergido en el vicio del poder acaramelado entre azúcar y sangre, y ni aún Bartolomé de las Casas pudo entender con claridad la humanidad que habitaba debajo de la obscura piel del africano. Como si para el obispo la menos obscura piel del indio fuera indicativa de mayor humanidad. ¡Santo de su tiempo! Hijo de la historia.

La historia nos muestra la ambigüedad moral de los colonos poderosos y también de los humanistas blancos. Atemperados por su tiempo, no veían la humanidad del negro y lo comparaban con bestias en necesidad de doma o seres humanos en otro nivel de humanidad. Lo cierto es que no es positivo pensar que la maldad o bondad, la violencia o victimización se localizan en el color de la piel o la nacionalidad. La historia de la humanidad nos muestra que más allá de las apariencias o creencias, el poder tiene una particular tendencia a destruir la empatía y a promover el discrimen. “El poder corrompe, pero la falta de poder corrompe absolutamente.” (Stevenson Adlai Ewing) Los poderosos ganaron la batalla de las letras, ignorando en la historia y los recuerdos el evento liberador y abolicionista haitiano. No había ningún blanco de quien escribir o por el cual sentirse orgulloso, además de la vergüenza, “las bestias” le ganan a los civilizados.

No es justo ni razonable juzgar la moral un tiempo desde el lente moral de otra época. Lo que nos interpela este recuerdo olvidado es buscar en la memoria nuestras propias ambivalencias. Las áreas en las que nos hemos creído salvadores y salvadoras de los insalvables. Como educadores podemos  sumergirnos en la idea de que no hay potencial en aquellos “alumnos” (sin luz) que pretendemos iluminar con nuestro conocimiento y experiencia.  En estos días recordemos a Haití y nos podremos sorprender del gran potencial que puede haber en el alma de quien se siente dueño de sí mismo y empoderado para luchar, construir y levantar.

También hace falta recordar los momentos en los que hemos sido victimizados, atesorar tales recuerdos para que nunca cometamos el mismo crimen. Tenemos que recordar para llevar en nuestros corazones la esperanza, seguridad y la osadía de que podemos alcanzar lo que no se espera de nosotros. Es momento de derrotar el pesimismo post-moderno con la esperanza bíblica, esperanza que se ve en la historia y en la vida.

Borrar de nuestros libros o nuestros recuerdos las historias que nos parecen vergonzosas nos llevarán a ver nubladamente el presente y a realizar juicios erróneos de la situación actual que vivimos. Lamentablemente no hay que leer de historias muy lejanas en el tiempo o recurrir a la ciencia racista o para escuchar sobre la inferioridad del negro cuando hace unos años un senador puertorriqueño presentaba proyectos basados en la fortaleza física y aptitud deportiva del negro  a la misma vez que lo descalificaba en la preferencia de adopciones.  Sería interesante saber con cuantos votos de negros el senador llegó hasta su cargo.

Sin embargo, hay que ver la historia con esperanza de una madurez humanitaria.  Aunque lenta y muchas veces injusta poco a poco se va abriendo paso al Reino de Dios, muchas veces por senderos misteriosos e inciertos como la revolución de Haití y el asiento de Rosa Park. Ayer y hoy la diversidad continúa diciendo vasta y exigiendo el trato igualitario, escalando a fuerza de pulmón su lugar en el mundo, con la ayuda de Dios.